CAPÍTULO VI

8. EL CORDERO

    El Cordero “está” ahí, en la Caverna, por la relación con Juan criofóro; por ser una referencia astrológica otoñal y destacar en la liturgia del Adviento y de la Última Hora; por estar -prefigurativamente- sobre la hora de los holocaustos judíos. Como anuncio del Fin.

La época del máximo fulgor solar coincide con la presencia celeste diurna del signo de  Aries. El periodo de “vida” del Cordero infunde evocaciones mecánicas y hasta adquiere cualidades contemplativas: tiene presencia celeste entre equinoccios, después se desvanece; en este sentido es un marcador cosmológico, como la planta del cardo. El cardo, planta solar, en astrología está bajo el influjo de Aries.

  En una supuesta cristianización del firmamento, la constelación de Aries[1], tomada como el Cordero Divino, Agnus Dei, –y atributo de Juan-, recorre el cielo nocturno en el último tramo del año, y en abril el Sol tiene su podio en el signo astrológico que es primero de la primavera, correspondiéndose sendos tránsitos o posiciones con los periodos litúrgicos de Adviento y de Pascua de Resurrección, respectivamente. El Cordero, encarnación divina de Jesús, anuncia los misterios de Cristo (reflejados en las solemnidades litúrgicas), en consecuencia regula el calendario escatológico. Cuando el Sol sale en el primer día solar de JD (IV Día, Miércoles, hora de Mercurio, en P) corre el tiempo astrológico de Aries y el litúrgico de la Anunciación a Pascua. En su anáfora -ya que el retablo contempla “el paso del tiempo”- signo ovino y Sol, alcanzarán teóricamente el Mediodía (que es la hora del sacrificio, de la Consagración en la misa). En este mismo lugar central, hipotéticamente, aparecerá Cristo-Sol entronizado y glorificado como Señor y Juez del Mundo, en la Segunda Venida. Aquel mismo Día IV inaugural, a la Hora Nona (Muerte en la Cruz) el Cordero debía de estar en el lugar exacto que ocupa la Mujer apocalíptica. Orto vernal y declive otoñal de Aries conforman el lapso cronológico que se equipara al Día Tipo de JD, desde la Primera Hora en el registro superior del Edén hasta la Caverna, en el ocaso.

   La fuente de la iconografía tradicional del Cordero asociado al Bautista es el Evangelio de Juan donde dice: Ecce Agnus Dei qui tollit peccata mundi (Jn 1, 29). Las palabras concretas arrojan notas visuales simples para la ilustración. Claramente el Cordero representa los misterios de la religión; originario del Antiguo Reino está en el trasfondo prefigurativo de la cruz partiendo de la profecía de Isaías (53) que da al Símbolo la dimensión mesiánica y predice el sacrificio. El Cordero es uno de los principales símbolos crísticos desde los primeros tiempos.

   El motivo destaca como símbolo de la Iglesia espiritual y como Señor del mundo pues es Cristo (Rey de Reyes que baja, glorificado, en medio de la Jerusalén celestial). El Cordero remite al misterio pascual por el que el Hijo de Dios, vencedor de la muerte, resucita para reinar eternamente, convertido en el Verbo de Dios. Según Ruusbroec, el Cordero representa la encarnación del Hijo de Dios.

9. EL BAUTISMO

 El Cordero recuerda los sacrificios judíos desde Moisés. Una Tau[2] pintada con su sangre en los dinteles de las puertas de los israelitas protegió a estos de la décima plaga. La señal prefiguró al bautismo y a la cruz. A fin de cuentas, será la sangre del Cordero la que traiga la definitiva salvación (Apocalipsis).

Es con la cruz de Cristo que adquiere el agua su virtud santificadora. El lignum crucis soslaya el efecto del otro Árbol del Conocimiento vulnerado.

   En el rito iniciático del bautismo se aprecian tres fases: descenso, inmersión (semejante a muerte) y ascensión (iluminación, Nueva Vida). El ciclo se asemeja a la Pasión de Jesús (viernes a domingo); se asemeja al viaje diario del sol ocaso-orto; se oculta bajo el río océano y “muere” en el nadir, renaciendo con el nuevo día.

   El procedimiento mismo de la administración del primer sacramento, analógicamente, se parece al proceso de generación biológica, en cuanto que la secreción espermática y la aspersión conducen a la gestación en el útero (en el líquido amniótico), o al momento de inmersión, en cada caso, y concluye en un florecer luminoso (nacimiento). Por otro lado, cualquier experiencia / rito de iniciación tiene que ver, por antonomasia, con el paso de la vida a la Nueva Vida. Genéricamente, la iniciación consiste en un simulacro de muerte y resurrección. En tal sentido creador-regenerador, el bautismo concuerda en su dinámica con el Modelo Escatocosmogónico cristiano.

 Las analogías crepúsculo-amanecer también están en el bautismo: inmersión / ascenso-”iluminación”. Es la misma situación del Diluvio (III Día y paso al IV). De alguna manera todo esto está implícito en el periodo antelucano del Jardín (PE). Los primeros Días cosmogónicos están connotados por el protagonismo de las aguas, en una secuencia que coincide con las pautas del rito bautismal. Inmersión-resurgir.

 Está probado, así lo demuestran el bautismo, el Diluvio o el Mar Rojo, que el tránsito por el agua… que un día anegó la Tierra, esa muerte, es el modo de salvación. Cruzando el eje del Jordán, de este a oeste, se entra en la Tierra Prometida…

   En la Vigilia del Sábado Santo se procede al ritual de la bendición de la Fuente bautismal. Entonces se bautiza; se lee todo el Génesis hasta la caída (cosmogonía), y la historia del diluvio (refundación del mundo). Recordando a Noé las almas entran por el bautismo en el Arca (nave) de salvación que es el Templo. La inmersión bautismal también es similar a la bajada de Cristo muerto a los infiernos el Sábado, de donde rescata a los bienaventurados. El cúmulo de actos de este oficio prepara la fiesta de la Resurrección que se celebra solemnísimamente el Domingo de Pascua, al día siguiente. Haciéndolo de este modo los renatos participan claramente en la significación del rito bautismal: quien recibe el símbolo, imita la muerte y resurrección de Cristo. Los momentos de la Pasión recordados en la ceremonia nocturna: muerte, sepulcro, resurrección.

   El Bautismo invariablemente remite a su fundador cristiano, Juan. Y Juan es actor eminente del retablo del Prado, desde la Caverna,  con sus connotaciones simbólicas, litúrgicas, astrológicas, míticas, etc. Consecuentemente el rito de la inmersión tendría que estar de alguna manera en el cuadro de Bosch. Puesto que el VII Día es allí importante…

   La Pila bautismal tiene su natural prefiguración en la Fuente de la Vida, puesta por Dios en el centro del Paraíso, de la que fluyen cuatro ríos hacia los confines de la Tierra. También la Pila o Fuente bautismal en su pie representa los puntos cardinales. La fuente es, en el orden simbólico, un Centro Cósmico. En el orden tipológico las prominentes Fuentes-eje y la abundante presencia del agua en el Jardín remiten al bautismo. Y el bautismo es siempre un trasunto específico del especial protagonista, Juan. Por eso las Fuentes, con su gran volumen, ocupan los lugares preferentes en los paneles alojadas cual alternativos-perversos axis mundi (por suplantación).

   En JD el tema del bautismo parte de la Caverna, localización del Bautista. Por esto el propio enclave está asociado simbólicamente a su misión específica y a aquello que la puede representar como es, por definición, el baptisterio en el templo. ¿Qué mejor puerta, qué sitio mejor para entrar en JD sino el Photisterion[3], para ser “iluminado”?.

   Dibujo Bautismo      

  La escena dispar situada en la Caverna forma como un “adito” en el cuadro, efecto que la Columna separadora puesta del lado izquierdo, al modo arcaico, viene a reafirmar. La ubicación de la Pila, el baptisterio, en los templos cristianos tiene sus connotaciones solares; en ese lugar claroscuro alcanzado oblicuamente por la luz meridional, se proyectan severas sombras… y esto concuerda precisamente con la coyuntura de la Mujer pintada en la escena moralizada de C, es decir, sita en la esquina inferior derecha de la tabla principal, donde se alude al punto geográfico Norte, o más precisamente al Norte-noroeste, por su vecindad al Infierno (Oeste-ocaso). Por esta declinación se oculta el sol en el solsticio de verano (por San Juan). Justamente en esa esquina misteriosa de las iglesias se bautiza…

   La consideración de la Parte de la Caverna como día Lunes, explica la presencia allí del hijoperfecto de la Luna: el Bautista, el divino aguador…  Por otra parte, el primer Lunes de JD, el Día II, se crean las aguas en plena manifestación del Espíritu de Dios (como en el bautismo). Juan actúa como maestro y profeta en el medio hídrico (en el líquido amniótico –como Jesús-; y en el Jordán, también, con Jesús[4]).

 Curiosamente, esta Fuente bautismal omitida, que es la verdadera fuente de la vida, opuesta en todo a las otras Fuentes conspicuas que ocupan los ejes respectivos de P y PC, ofrece otra evidencia en la que el simbolismo del centro propone una paradoja: el desplazamiento respecto al medio geométrico y centro jerárquico aparentes de los elementos sagrados capitales (como en el caso ya visto de Dios Padre en PE) significa una suplantación tropológica. Se trata de una transgresión dramática que afecta a la trama narrativa del tríptico. Las Fuentes perversas se apoderan del eje.

 10. EL TEMPLO

  Un sorprendente dato icnográfico: esquemáticamente, la Caverna, se ubica en el lugar que correspondería al baptisterio sobre el plano del templo cristiano, situado contra el muro septentrional, debidamente próximo al nartex o a la puerta.

    El retablo cosmizado sigue el esquema de la orientación y distribución ritual simbólica que rige el templo. Así: el este-orto (P), hacia el lugar del altar; el sur-mediodía (PC), se corresponde con la nave (lugar que ocupa el pueblo); el ocaso (I), hacia los pies o pórtico (donde se concentran las alusiones escatológicas, a veces ilustradas por los escultores a base de referencias apocalípticas y del Juicio Final). Como es lógico el Infierno –lo extraño- queda fuera del templo. La Caverna ocupa, pues, el mismo emplazamiento teórico del baptisterio. Esta pudiera ser una razón por la cual esta Parte del tríptico se presenta reducida a una esquina, y se plantea, además, como puerta de acceso al conocimiento transcendente y la iluminación transformadora. Nivel de comprensión que va más allá, incluso, de la mera observación iconológica.

DibujoTemplo

    La cosmización esquemática del retablo es comparable, según parece, al modelo del templo cristiano. La planta del Templo, orientada de este a oeste, repite el esquema de la fachada-montaña que en su verticalidad representa a los tres niveles: cielo, tierra e inframundo. El templo mismo es concebido como una imago mundi, un compendio simbolista repleto de referencias y representaciones esencialmente universales.

 En lo que concierne al Templo debemos decir que es el lugar santo por excelencia, casa de los dioses, el templo resantifica continuamente el Mundo porque lo representa y al propio tiempo lo contiene. En definitiva, gracias al Templo el Mundo se resantifica en su totalidad.

                                                                     Lo sagrado y lo profano. Mircea Eliade.

   Tal vez ahora se podrá comprender mejor a qué criterio estructural responde la disposición general del tríptico de Hieronymus Bosch. La planta-retablo orientada se presenta, conforme al curso solar, “sureada”, puesto que predomina la horizontalidad y la dirección escatológica izquierda a derecha (lógicamente en combinación con el funcionamiento práctico del artefacto desplegable); no en vano esta obra de Bosch por las referencias simbólico-iconográficas se puede tomar como un orbe extractado.  La “parte alta” del cuadro (PC), se corresponde con la latitud Sur, el lugar de donde procede la luz (eclíptica) y que, por ello, sería la localización propia de Cristo, Sol del mediodía.

   El planteamiento astronómico que presenta JD en la parte diurna (del IV al IX Días), hipotéticamente aplicado a un templo gnomónicamente bien orientado, revela que cuando sale el Sol por el lado de la cabecera, por el Este, cerca del Equinoccio Vernal (Encarnación, Pascua), éste se encuentra en Aries-Cordero, y que cuando se ponga en el Equinoccio de Otoño, frente a la fachada Oeste, estará sobre Virgo-La Virgen. El Cordero por el Orto y la Virgen propendiendo al ocaso, al final de la senda escatológica, justo antes de Libra-Juicio. En la extrapolación tríptico / plano al determinar el “mediodía” astronómico de esa posición fija del zodiaco (tomada como una especie de arquivolta o dial que hace el Sol en su curso entre equinoccios), se encontraría a Géminis: Sol-Cristo en el Solsticio, coincidiendo, además, con el Cisne en el cénit en la Noche de San Juan a medianoche. En ese lugar central de la parábola celeste corresponde situar siempre, como es lógico, a Cristo Cosmocrátor, Pantocrátor, Cordero, o Sol de Justicia, etc.

   Jan van Eyck en la Anunciación de Melon escenificó la salutación del Ángel a María en la nave de una iglesia gótica, y puso a Gabriel sobre el signo de Aries y a la Virgen sobre Virgo, en un zodiaco “sintetizado” que forma parte del pavimento. Por tanto, se situó el evangélico y tradicional episodio que da origen a la Encarnación del Verbo en una contextualización simbólica donde el templo, la luz, las prefiguraciones veterotestamentarias y el mosaico tienen significados integrados. El recorrido Aries-Virgo (seis signos, a partir de Piscis) en la arquivolta de la historia determina el Gran Mes. El Ángel se convierte así, desde el lado del orto, de la luz naciente, en heraldo de la Era de Cristo. La Virgen María se separa opuestamente hasta el lugar que adquiere connotaciones escatológicas: la Señora, Madre de gracia y salvación -mediante al sacrificio del Hijo-, estará en el final con su misericordia para todos los pecadores (próxima a La Balanza). Con acierto, el lirio mediador, estilo y caduceo, marca la centralidad histórica de la venida del Salvador, entre Aries y Virgo y se sitúa, pues, exactamente en el paso de Géminis a Cáncer (solsticio de verano), constelaciones que presidían la noche del deífico parto (solsticio de invierno). Se entiende que en la contextualización eykiana la Virgen-Iglesia (templo) abarcaría simbólicamente el ámbito histórico de la Era de Cristo desde la Encarnación hasta el mismo Juicio (Segunda Venida), ejerciendo como seno-nave protectora en el viaje por la senda histórico-escatológica.

   Curiosamente en la colegiata de San Juan de `s-Hertogenbosch se colocó la capilla de la hermandad de Nuestra Señora, a la que pertenecía el pintor, en el lugar que normalmente ocupan las pilas bautismales, a los pies del templo. ¿Pudiera tener algo que ver esta colocación con los prejuicios que también plantean los emplazamientos eidéticos, cronológicos e icnográficos del tríptico?  Por lo pronto, si los cofrades de Bosch situaron a su Virgen en el rincón claroscuro del norte-noroeste (con connotaciones gnomónicas, astrológicas, soteriológicas y, en cualquier caso, escatológicas), la componenda presentaría una coherencia dramática ostensible con la colocación de la Mujer (Venus en Virgo) pintada en la escena de la Caverna… Ya que Virgo (la Virgen), signo que trae al otoño, y la Luna (Inmaculada), por ser Lunes, rigen la Parte de la Caverna. La coincidencia técnicamente supondría una inversión de tipos: capilla de la Virgen versus Mujer Caída. Y, por ende, significaría la posibilidad de que se hubieran utilizado datos astronómicos para planificar el templo, lo que afectaría a su simbolismo particular y, probablemente, a la concepción fundamental e intención fundacional. Lo que parece posible es que esta ubicación de la capilla de la Hermandad dedicada a la Virgen, propendiendo al ocaso, tenga un carácter acentuadamente escatológico. Esta suposición se robustecería, además, si se tiene en cuenta que la consagración de la iglesia al Evangelista sitúa a éste tutelándola desde la cabecera y que en tal colocación (orto, solsticio, cosmogonía) se complementa con la disposición postrera de la capilla de la hermandad dedicada a la Virgen, orientada a la caída del sol en el solsticio de verano, por San Juan; es decir, en el otro polo del eje anual. En esta transversal del templo-cuerpo del crucificado, entre los dos altares, se despliega idealmente la delicada filacteria con las últimas palabras de Jesús en la Cruz: Mujer, he ahí a tu hijo. Luego dijo al discípulo: he ahí  a tu madre (Jn 19,26-27). Devota vinculación tan cara para los amigos de Jeroen, sus cofrades.

   Obsérvese: en la diagonal del día, orto / ocaso o Cordero-Aries / Virgen (Virgo), que cruza las tablas del tríptico abierto (día artificial), como una eclíptica trazada idealmente sobre la planta del templo, hállase también que se alinean los Juanes, el Apokaleta con el Bautista  (cardo anni). Del mismo modo, en la dramaturgia concreta de JD, el Cordero primaveral se opone a la Mujer que usurpa su sitio… en la demarcación adventista de la Caverna.

DibujoDiagonal

 La transversal gnomónica diurna tensiona toda la tracción escato-cosmogónica que cohesiona, anima y gloría al templo cristiano.

   El asunto simbólico escatocosmogónico hipotético en las disposiciones cosmológicas de la colegiata podría tener aun más verosimilitud y calado (incluso en su vinculación al Jardín): se sabe (Gibson[5]) que una pintura del propio Bosch representando la Creación del Mundo se hallaba en el altar mayor, y que otra suya con la Adoración de los Reyes Magos estuvo en el altar de María, la Regina in coelum assumta. Y también, bajo esta misma advocación mariana, había un retablo tallado, la Dormición, del escultor Adraen van Wesel en la capilla de la Cofradía. Quedando en relación, pues, dos parámetros del mundo y de la Historia: Cosmogonía (orto)  y 15 de agosto, Asunción, la fecha límite (como se verá).

   Dentro del planteamiento icnográfico que pone al retablo en correspondencia con “formas” terrenales, cabe sugerir la posibilidad de más concurrencias analógicas con otras hechuras terrestres. En este sentido, aun más intrigante y turbador resulta el examen del plano de la ciudad amurallada de la Roma medieval. En él se observa con perplejidad, como el territorio del Vaticano -sede pontificia- se encuentra precisamente en el cuadrante noroeste de la urbe, en un espacio delimitado entre el río Tíber y los  muros que la encierran. Dado el caso, y la supuesta relación de la Mujer señalada de la Caverna con la Iglesia carnal, el planteamiento de JD expresaría, cuando menos, una afrenta en toda regla a la praxis y autoridad romanas. En el mismo sentido, la determinación de los correligionarios del pintor de poner precisamente allí la Capilla de la Virgen, tal vez implicaría una especie de contrapunto cósmico, incluso con presunta intencionalidad reprobatoria o, al menos, expresando una voluntad correctora… con cariz apocalíptico.

 La Mujer Caída se hallaría en el lugar que se corresponde con el martirio y la tumba de Pedro (sede papal), sobre el antiguo templo de Constantino… y donde se puso  la peculiarísima nave de la Capilla Sixtina, dedicada a la Asunción de la Virgen por el Papa Sixto IV. A partir de la permanencia de la curia en el Vaticano, este fue concebido como una gigantesca fortaleza contra levantamientos y disturbios seculares que causaba la dominación clerical.

  Por si fuera poco, el escrutinio suspicaz del plano de Jerusalén arroja una admirable y sugestiva coincidencia morfológica y demás: en la misma ubicación geográfica relativa (noroeste) se encuentra el Gólgota, lugar del martirio de Jesús, donde, tras la invención por santa Helena del madero de la Cruz allí mismo, el emperador Constantino, su hijo, erigió un templo (Martirio y Santo Sepulcro) cuyo pórtico estaba sobre el Cardo maximus de la ciudad jerosolimitana. Edificóse la Anástasis sobre un templo a Venus (!) que estaba en el mismo sitio obituario[6].

  Recapitulando. Morfología sacra: Santo Sepulcro, Vaticano, altar de la Onze Lieve Vrouw, Caverna-baptisterio; mirando invariablemente al noroeste,… a la hora suprema.

 Dibujoerusalem

Dibujooma
La insistencia en estas coincidencias geodésicas -en cuanto que consideradas hipotéticos emplazamientos buscados-, parece cuestionan, en el contexto de JD, a la “iglesia constantiniana”, posible raíz de todos los males que aquejan históricamente al estamento eclesiástico, beneficiario de las prebendas, lucros y poder que proporcionaron al cristianismo las ingerencias del Emperador.


[1]El Carnero es una variante bien comprobada del cordero víctima y, en particular, del Cordero de Dios que se ofrece voluntariamente a la muerte para salvar a los pecadores.  Champeaux-Sterckx.

[2]Última letra hebrea. Significa en hebreo, “marca”, “signo”. Es el “signo de Ezequiel” (Ez 9, 4 y6). Se relaciona con el final o término del tiempo, como la Omega. Bosch utiliza sistemáticamente la forma de la tau en las representaciones de la cruz. También es el signo y muleta de Antonio, el santo de cabecera del pintor.

[3]Lugar de la iluminación (baptisterio) en oriente.

[4]Por lo demás, los encuentros se dan, simétricamente, en los ámbitos crepusculino y del Mediodía, respectivamente. Atendiendo también a las edades : fetos (extemporánea)  y plenitud de la vida (33 años).

[5]Gibson, Walter S., El Bosco.

[6]La leyenda dorada.

COMPÁRTELO:

ME GUSTA:

Se el primero en decir que te gusta.
Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s