CAPÍTULO V

LA MADRE (DEL CORDERO)

El tema de María interesaría mucho al artista y su entorno, se supone, como miembro activo que fue de la cofradía de Nuestra Señora de `s-Hertogenbosch. Esta congregación piadosa poseía una capilla propia dedicada a la Virgen en la colegiata local. Colegiata ésta, puesta bajo la advocación de San Juan Evangelista.

La divisa de la hermandad dedicada a la Virgen era Sicut lilium inter spinas lema extraído del Cantar de los Cantares (2,2): “Como lirio entre los cardos, es mi amada entre las doncellas”. El mismo lema fue una de las Letanías de la Inmaculada Concepción desde sus orígenes iconográficos. Según la exégesis cristiana, en el Cantar bíblico atribuido a Salomón, la sulamita es figura de la Iglesia, Esposa de Jesucristo, en la misma medida que lo es la Virgen.  Este misterio se escenifica como tipo histórico mediante la creación de Eva partir de la costilla de Adán, simbolizando la unión mística Cristo-Iglesia (a la vez que el sacramento del matrimonio).

La Inmaculada fue concebida antes que Eva-madre de la humanidad y antes que el mundo, existe “desde el principio”[1], y se caracteriza por haber nacido sin Pecado Original (por tanto, en esto, sería igual que la Eva prelapsaria)[2], como ser angelical.

La Virgen María es uno de los principales símbolos de la Iglesia (desde el Concilio de Éfeso, 431). La Maria Ecclesial typus es representación de la Iglesia, según San Ambrosio y otros numerosos comentaristas, para los que la parturienta del Apocalipsis lo era. Dice Esteban Lorente que la Jerusalén celeste, esposa del Apocalipsis, identificada con la Iglesia, lo está asimismo “con la Virgen Madre, de Dios y de los fieles, por ello el templo también se identifica con la propia Virgen, cobijando bajo su manto a la Iglesia”.

En JD la unión matrimonial se halla escenificada en el Paraíso y tiene visos de representar precisamente el acto fundacional de la Iglesia. La Esposa se encuentra personificada en Eva recién creada y en plenas nupcias y, a su vez, identificada consecuentemente, en su estado virginal, con María (Inmaculada) ejemplo de castidad y prudencia; significando aquí una verdadera vindicación de un modelo de Iglesia regenerada, “como al principio”.

Si Eva representa a la ecclesia immaculata (sacada del costado de Cristo; por ser trasunto de la Virgen; etc.), y más precisamente a su fundación (Pentecostés), la Mujer Caída, por oposición, debe de ser la misma Iglesia… pero crepuscular. En su posición suplanta al Cordero que vendrá en el centro de la Jerusalén celestial. El solo hecho de contraponer a la Iglesia ideal con la terrenal comporta la reprobación. La figura de la Mujer adquiere su carácter negativo, condicionada por el elemento tierra, sojuzgada por la materialidad.

La unión de Adán y Eva a través del Verbo-Amor (representación del Amor divino en el sentido pitagórico-platónico, por tanto también con consecuencias cósmicas), está en sintonía con el referente erótico-místico del Cantar, con la orientación espiritual aplicada a la Caridad y con la especial misión misericordiosa y protectora de la Madre (la querida Señora, Onze Lieve Vrouw),… de donde el eslogan, la aplicación práctica y la advocación de la hermandad.

a) VII Día

El sábado, séptimo y último día de la semana, sirve de preparación del domingo. Desde el siglo VIII se tributa culto a la Virgen en este día. En el séptimo [día] se ha de honrar la “obra maestra” del Señor, la de la benditísima Madre, la cual, por otra parte, tiene por misión especial la de allegarnos a Dios al modo como el sábado nos prepara al domingo. Al sábado sigue el domingo, día consagrado a Dios por el cristianismo (día del Sol).

Parece procedente dedicar el sabbat a la Madre, así como el día siguiente, domingo (nacer, renacer o Resurrección, o Venida reparadora), al Hijo…

Además, el sábado se equiparó al séptimo día del Génesis (sabbat), en el que aparece el pecado, lo que pone en relación a Eva y a la Virgen (la una, mujer pecadora; la otra, Madre del Salvador). En la homologación entre semana judeo-cristiana y romana, el sábado -de sabbatum– se corresponde con el día de Saturno (dios que rige el séptimo, último cielo, previo al empíreo).

Así sucede y se aplicó la mariología en JD. Sobre el Sábado, VII Día-Cáncer (Caída), se colocó un Drago (draco, dragón). Y en PC (VIII Día) se sobrentiende un Domingo a Mediodía que sitúa idealmente a Cristo-Sol entronizado sobre el León, hipotéticamente, en torno a la fecha de la Asunción (15 / 8).

La Virgen posee una especial significación dentro de la coyuntura en la que se produce la caída del Paraíso pues ella es la otra mujer que vendrá a traer el antídoto del pecado, mediante el fruto bendito de su vientre; será la encargada de pisar la cabeza de la serpiente. Los misterios de la Anunciación y Visitación son los que más claramente muestran la intermediación de la Virgen María en la tarea salvífica del hombre, en cuanto instrumento divino en la Encarnación.

María ha sido identificada desde muy pronto con la mujer del Apocalipsis vestida de sol que tiene la luna bajo sus pies, coronada de estrellas y que gritaba con los dolores del parto,… acosada por el dragón (AP. 12). Significando el triunfo sobre las fuerzas del mal, María, la Madre del Cordero triunfante, humillará definitivamente al Demonio. El Verbo creador desde el Edén lo advierte: Pondré enemistades entre ti y la mujer, entre tú linaje y el suyo. Ella te pisará la cabeza mientras acechas tú su calcañar (Gen. 3, 15).

María como segunda Eva, mutans Hevae nomen, deriva de una identificación en el juego de prefiguraciones entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. María sería la Nueva Eva, contrapuesta a la Eva original. María (Ave) es vida y Eva (nombre que en realidad significa vida) representa, por inversión, muerte (San Agustín).

María es la madre de todos los vivientes, Eva la madre de todos los mortales.

María sublima la relación entre las dos Evas, la prelapsaria y la prevaricadora. El fruto de su vientre anula los efectos del otro fruto servido por el demonio. La Redención de la humanidad entera se produce gracias al sacrificio del Hijo. El “fruto divino” se opone a los Frutos abundantes en el cuadro (pecado; reflejo del Pecado Original).

Fue María, una mujer, la criatura más sublime de todas las creadas (por eso concibió al Salvador y subió a los cielos en cuerpo y alma). En la advocación de Inmaculada Concepción, se entiende existente desde el principio.

En la Encarnación del Verbo la Virgen María concibe por el Espíritu Santo -mediante inseminador rayo de luz- y en ello hay una semejanza fundamental entre la Anunciación y el bautismo de Jesús en el Jordán por el cual el Espíritu de Dios se encarna en el hombre. Este asunto de las relaciones por similitudes entre Bautismo y Anunciación interesa directamente a la Caverna del Jardín. Allí, como en la escena de la Anunciada, coincidiendo con la clásica lateralidad, aparece por la izquierda el elemento activo, emisor, y más elevado (lo que no resulta inadecuado ya que Juan es considerado un ángel) y por la derecha la Mujer, sujeto pasivo, receptor. Por la izquierda el enviado de Dios, el Mensajero, y por la derecha el objeto de reflexión, la humanidad (Mujer).

No es raro que el Gnomon aparezca en ilustraciones de la Anunciación, por ser testimonio de la Encarnación.

Réau afirma que el bastón del Ángel Anunciador procede de la “vara de heraldo antiguo” del dios Mercurio. El caduceo (Eje Cósmico) se convierte finalmente en Lirio (opuesto al Cardo: Lirio entre espinas del Cantar de los Cantares; consigna, recuérdese, de la Cofradía de Nuestra Señora de ‘s-Hertogenbosch).

En resumidas cuentas, Anunciación y Bautismo son dos sucesos con un solo significado, el Espíritu de Dios se encarna en el hombre; su objeto común y solidario, soslayar el estigma del Pecado Original. El verdadero valor de ambas teofanías del Espíritu Santo está en la providencial regeneración de la humanidad a través el sacrificio del Hijo, que asegura la Redención.

b) Virgen vs. Luna

Pulcra ut luna…

La Virgen cristiana -nueva Diana- fue asociada a la Luna. La doncella del arco de plata bajo los pies aparece como Inmaculada o como Asunta. Desde esa consideración se entiende amparadora de las almas en tránsito y en los momentos de angustia: la Luna vigila la noche y la ilumina, protegiendo a los hombres contra las fuerzas malignas que reinan en las tinieblas. Ubicada en las alturas y en los confines escatológicos, vela por las almas en su tránsito sidéreo y las ampara con su misericordia ante el Juicio Final.

Como la isla de los muertos (luna) del pitagorismo, la Virgen glorificada sobre la luna es primer puerto nodal para alcanzar los cielos, según la transmigración de las almas adoptada y adaptada por el cristianismo.

La Luna es el genuino calendario celeste, pauta y patrón del tiempo ordinario y escatológico. Sus fases son modelo supremo de metamorfosis, de las edades, de los ciclos naturales. La Luna es la Madre, por eso, regula la menstruación de la mujer, influye en la fertilidad de la naturaleza, domina las aguas.

En cuanto a JD, desde la noche inaugural, la Luna llena germinal arroja luz sobre la Tierra en presencia de Dios Padre (Anunciación conforme al cómputo de los Meses en JD). Situada en esa área oscura aplaca los ataques de los Ángeles caídos.

La Iglesia fijó definitivamente una de las fechas clave dedicadas a la Virgen (Anunciación), en el equinoccio de primavera, como gozne tácito dada su misión de madre de Cristo – Dios nacido hombre. A partir de esta referencia cardinal, el primer plenilunio determina el domingo de Pascua y, en consecuencia, la ubicación de todos misterios crísticos en el calendario litúrgico anual. Atendiendo al Oficio de la Virgen, se observa que las horas nocturnas reverencian la Encarnación y, de acuerdo con el calendario primigenio, cosmogónico, se corresponden con el Viejo Testamento, 1. por representar el tipo cosmogónico (“gestación” del mundo); 2. al ser tomado éste como preparación de la Venida (Adviento Histórico). La Hora Prima rememora el nacimiento del Mesías, que inaugura la Era Cristiana, como un amanecer. Estos periodos relacionados analógicamente con la sucesión noche – día, gestación – parto, entrañan la lógica correspondencia con los asuntos propios de la mujer, la fecundación y la maternidad. Asuntos afectos, además, al dominio lunar. Por ello las deidades lunares paganas, verbi gratia Diana, que tenía el creciente de luna como emblema de virginidad, se desenvuelven en la esfera de fertilidad, fecundación y generación biológica…

La festividad de la diosa luna Diana (idus de agosto) tenía lugar antiguamente bajo el signo de Virgo. Cuando la fe cristiana se impuso al paganismo, la Iglesia instituyó el día de la deipara Virgen María, madre de Dios, sobre las mismas fechas.

La Luna a los pies de la Virgen “hacía referencia al matrimonio místico entre la Luna (Virgen) y el Sol (Cristo)”[3]. En la iconografía, inspirada en la Mujer de Ap. 12, el pedestal lunar de la Virgen, sea cual fuere su significado, tiene siempre sentido positivo, absolutamente opuesto al Dragón aplastado por la Inmaculada.

No debe de extrañar que esta ponderada (y antigua) asociación Virgen-Luna esté también en esta fabulación bosquiana cuando el mismo Cristo se asimila aquí al Sol. La concordancia es lógica y va, asimismo, en la convenida línea catastérica Juan vs. Mercurio.

c) Virgo

Desde antiguo al signo de Virgo se vinculó a la Virgen cristiana de agosto, cuya fiesta vino a sustituir a la de la diosa virgen Diana (Asunción, 15 de agosto).

En JD Virgo, la Virgen, será el primer signo zodiacal del otoño[4], y corresponde, por tanto, en el calendario particular del tríptico, a la Parte de la Caverna, lugar de la Mujer atrabilitana. A este signo le sigue Libra, la Balanza, atributo alegorístico de la Justicia y, por otra parte, de San Miguel Psicopompo, lo que en conjunto remite a pensar en el Juicio Final.

Virgo ha sido asociado con Ceres (Deméter), diosa de las cosechas (agosto es el mes de la diosa genetrix) y la Virgen cristiana se asimiló a Virgo en los mensarios. El vínculo entre Virgo, Triunfo de Ceres y el Rapto de Proserpina ya había sido establecido.

Virgo está regido por Mercurio en la noche. Y Juan, el acompañante de la Señora en el Último Día, está en su sitio, en la Caverna, antesala de la noche. Mercurio tiene domicilio diurno en Géminis. Donde nace Juan (y donde nacen los primeros Padres, en JD).

La Hermandad de ´s-Hertogenbosch celebraba junto a la Asunción, el nacimiento de la Virgen (8 de septiembre), coincidiendo ésta conmemoración en Virgo.


[1] a)Como una Eva preexistente. b)La Iglesia católica no reconoció el misterio de la Inmaculada C. hasta el 1854

[2] Las correlaciones Eva-María-Iglesia (y sulamita) y la esponsabilidad con Cristo-Adán, fundamentan la mariología

[3]Tausiet, María, Historia (revista)

[4]A consecuencia de la corrección astronómica, Virgo aparece en JD “caracterizado” como signo del otoño, lo que implica y comporta las asociaciones simbólicas y referencias típicas que a esta época del año se le han atribuido en la cosmología, la liturgia y el arte, a través de la historia.  Recuérdese de que se parte de la hipótesis de que en esta obra se aplica la precesión de los equinoccios. El movimiento retrógrado del  firmamento provoca que las constelaciones luminosas “se retrasen” progresivamente con respecto a la época del año (cada año el sol necesita 50″, 26 más para volver al mismo punto del zodiaco), de esta forma, en la actualidad, el solsticio de verano coincide al principio de Géminis (el sol entra en la constelación el 21 de junio, cuando hace dos mil años aproximadamente lo hacía en Cáncer), el equinoccio de otoño coincide con Virgo (hoy el sol entra en Virgo el 16 de septiembre). Al principio de Nuestra Era la entrada del sol en Virgo se producía casi un mes antes, en pleno agosto, próximo a la fiesta de la Asunción (15/8).

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