CAPÍTULO IV

LA MUJER

Al tratar el asunto de la Mujer, la atención va y viene del Paraíso a la Caverna. El juego de correspondencias entre las escenas capitales del cuadro, Creación de Eva y Caverna, proporciona un canal de relaciones significativas, ya que la Mujer caída es eminentemente una hija de Eva y como tal, o por tal, en ella se perciben las consecuencias del pecado. La relación entre las dos mujeres, la del Edén y la pecadora se sublima en otra mujer, María, concebida sin mácula, subida al cielo en cuerpo y alma…

Las concordancias entre María, la Mujer otoñal (su contratipo) y Eva, se pueden productivamente expresar aprovechando las analogías proyectadas por un arquetipo de origen grecorromano muy ilustrativo: el mito de Proserpina. En la transcripción ya cristianizada y sintética del relato de esta diosa se podrán notar rápidamente las coincidencias de forma y fondo entre el modelo pagano, la cosmogonía cristiana y los motivos de JD. Implicado o no tácitamente, el asunto  resulta útil, esclarecedor e ilustrativo, a efectos exegéticos, como modelo esencial.

Proserpina es hija de Júpiter y Ceres. Cuando Doncella (Core), considerada diosa de la primavera, habita en un vergel o Paraíso. Raptada por Plutón pasa a ser la Proserpina soberana del inframundo y preside la muerte. Por haber comido de una granada en la región de las sombras, Júpiter no la deja volver a su lado.

El mito muestra a Proserpina como un símbolo de la vida vegetativa; representa a la semilla que hiberna sepultada en la tierra y que germinará y florecerá en la próxima benigna primavera. En el otro sentido alegórico, el paralelismo que presenta con la cosmogonía cristiana es notorio: la mujer del Paraíso terrenal (Core-Eva prelapsaria) peca a causa de un fruto. Esto supone la caída, el extrañamiento del vergel y su reclusión en el infierno.

Proserpina, por su misión germinal, se ocupa de la encarnación. Su historia ilustra, como metáfora, el viaje del alma a la Otra Vida. Estos significados eran conocidos en la Edad Media. San Hipólito (s. II), Clemente de Alejandría y San Agustín escribieron sobre este mito (que está también referido en el sarcófago de Carlomagno). En la iconografía cristiana existen imágenes contemporáneas del Jardín representando a Plutón y Proserpina presidiendo el Averno (cuyo acceso son las tragaderas de un búbido; como búbido es el Demonio Devorador en JD) rodeados de réprobos.

También en el casi centro de JD, declinando el Mediodía, hay un Tejo, el árbol de la muerte para los griegos; asociado al Hades por presidir su entrada. El Hades se denomina “la puerta del sol”. Y he aquí que en la Caverna, zona del Ocaso, está la Mujer-Proserpina, o Segunda Eva; por cierto, con una supuesta granada en la mano.

En la iconografía antigua se representaba a la diosa grecorromana saliendo de una fosa para alcanzar a su madre, la Madre que está en los cielos. ¿Algo semejante ocurre a la Mujer en la Caverna? ¿Hay esta ambigüedad dramática? En el culto mistérico de Eleusis (“advenimiento”), en el mes de beodromion (septiembre-octubre), los griegos representaban el mito de Deméter y Perséfone. En el tiempo de la siembra realizaban festejos de tipo lúgubre;  la entrega de la semilla a la tierra tomaba el carácter de un rito funeral solemne. En el santuario de Deméter “había una caverna (Ploutonion) que indicaba la entrada al otro mundo” (Mircea Eliade).

PROSERPINA

Restos de una escultura de Core o Perséfone (h. 510 a.C.), con una manzana o granada en la mano

DibujoCAVERNA

Damatis personae de la Mujer: Eva (Core) – Mujer de la Caverna (Proserpina) –
Monja Cerda

CERDA

Monja Cerda del Infierno

Saturno era el dios de la semilla sembrada y de la germinante  su elemento; la tierra.

Dibujocuadro proserp

La vida vegetal que se regenera por medio de la desaparición aparente (entierro de las simientes) es a la vez un ejemplo y una esperanza; lo mismo puede suceder con los muertos y con las almas /… …/  En la mística agraria prehistórica es donde se encuentra una de las principales raíces del optimismo soteriológico: del mismo modo que la semilla escondida bajo la tierra, el muerto puede esperar un retorno a la vida bajo una nueva forma. Pero la visión melancólica, a veces escéptica, de la vida, tiene igualmente su origen en la contemplación de la vida vegetal: “el hombre es semejante a la flor de los campos” (Mircea Eliade).

No desdeñó el “griego” Pablo el símil agrario para definir el viaje del alma-resurrección: Se siembra algo corruptible, resucita incorruptible; /…/ se siembra un cuerpo animal, resucita un cuerpo espiritual (1 Cor). ¿Acaso no coincide esto con la metáfora evidente de la Parte de la Caverna, donde está la Mujer semienterrada en la época de la siembra?

Solapando a Core, la inmaculada Eva, la mujer dulce y frágil del principio, se transformará, metamorfoseándose, en la Segunda Mujer, la reina del Hades, a la entrada de la Caverna. Con la concepción gradualista medieval se asiste, en el tránsito de la Mujer, al fatal descensus de un alma,…en la que se va extinguiendo poco a poco la llama divina.

A través de las dos mujeres de JD, la muchacha, Eva, y la Mujer somatizada, se tiende un puente que une las dos riberas, la de la inocencia y la de la culpa, por donde la humanidad -los Hijos de Venus- trasiega el fardo de su herencia imperfecta (1).

Colocada a las puertas del Mas Allá, la Eva Caída, como en el mito de Proserpina, alude al pasaje del alma… Obsérvese que la figura de la Caverna tiene una enigmática moneda sobre los labios. Una moneda en la boca se les ponía a los cadáveres en Roma para pagar al barquero por el paso de la laguna Estigia. A su vera, señalándola irónicamente, el Psicopompo.

Si se admite que la Mujer atrabiliaria de la Caverna ocupa, por sustitución, el lugar teóricamente destinado al Cordero[1], por seguir la convención tipológica que lo coloca como atributo del Bautista (véase Meditación de san Juan Bautista de Bosch), apuntado por su índice, se inferirá entonces con toda firmeza que los efectos de semejante suplantación son de la máxima trascendencia. Definitivamente, la usurpación del lugar del Cordero certifica el malditismo de la intrusa.

Para empezar, el tándem Mujer / Cordero, como pasa en la historia de santa Inés, debe de remitir remotamente al matrimonio místico de María-Iglesia con Cristo[2].

El Ambrosiaster le dio al momento de la creación de Adán y Eva mediante el Verbo el valor trascendente de unión matrimonial. Así el episodio concreto del Génesis se ha representado en ocasiones bajo la apariencia de un enlace. Y, a su vez, la alianza conyugal se ha presentado como figura de la unión sagrada de Cristo con la Iglesia. Del mismo modo han sido interpretados los amoríos del Cantar de los Cantares.  La creación de Eva a partir de una costilla de Adán es figura de la Iglesia nacida del costado abierto de Jesucristo en la Cruz. En JD la unión mística Cristo-Iglesia se encuentra escenificada en el Paraíso. La Esposa estaría personificada en Eva recién creada, y en plenas nupcias. En JD la unión de Adán y Eva se produce a través del Verbo, el Símbolo mayor o nexo, pues ése es el fundamento del símbolo: juntar en una las dos partes que están en correspondencia. Aquí Eva, por contraste con la Mujer de la Caverna, significa objetivamente una vindicación de un modelo de Iglesia regenerada, “como al principio”, asistida por el Espíritu, merecedora de la bendición de Dios.

Dibujocreacion Eva

Eva recién creada representa a la Iglesia (pues es trasunto de la Virgen, etc.[3]), y más precisamente a su fundación; la Mujer Caída, por inversión conceptual, debe de ser la misma Iglesia, caída, descarriada.

Este carácter eclesial pésimo se certifica con la presencia en el Infierno de la Cerda-Monja, metamorfosis última de la Mujer-Proserpina. El dramatis personae de la(s) Mujer(es) forma una secuencia que parte de Eva prelapsaria, y aun más allá, pues arranca en la concepción inmaculada de la Virgen en el principio de los tiempos. Los eslabones hasta alcanzar a la Mujer de la Caverna son, la propia Eva Caída y las Hijas que encarnan y representan las vicisitudes de la gran tragedia universal causada por el demonio (marcando una transición narrativa hacia la Caverna la Mujer Peluda que está de pie al lado de la columna) . Y Demonio es la afectuosa Monja porcina, recepcionista consumada en el Hades. A cierto nivel de lectura -como la Mujer Caída- representa a la Iglesia, o a cierta Iglesia desventurada y sacrílega, ora ya en el ámbito irremediable de la condenación.

La crítica implícita, se referiría presuntamente a la Iglesia histórica pero más decididamente a la contemporánea, nostálgica del esplendor de su ministerio cuando, en tiempos antiguos, realmente inflamaba de pasión fervorosa los corazones de los fieles dispuestos, por Cristo y por nada, a entregarse en sacrificio por el martirio. La Mujer-Iglesia, desde su caracterización melancólica, tal vez añora lo que el tiempo le hurta: autoridad moral [ahora, por ejemplo, la Iglesia, se ve forzada al uso de las armas para defender sus privilegios materiales y presuntas prerrogativas terrenales; usa la violencia contra los discrepantes amparada en tribunales propios, etc., etc.]. En la identidad presente denota fatalidad, si no, arrogancia, perversión causada por la decadencia. Su sentir más fuerte es la comezón de la codicia (deseo de abundancia), pecado que lleva a los demás pecados. Ignora todo lo que dijo Cristo, que nació y vivió pobre.

La mujer [la de Job], con su malvada persuasión, representa a los carnales, dice en sus Morales san Gregorio; que ha sacado la idea, no obstante, de san Agustín: …la carne es nuestra Eva interior (!). Y tal vez, sea esta la Eva enfangada que asoma en la Caverna… Por que, siguiendo al moralista, la mujer [de Job] representa a los carnales …que se encuentran dentro de la Iglesia, los cuales, están dentro por la profesión de fe que pronuncian con los labios, pero oprimen a los buenos con sus torcidas costumbres. Han dejado de meditar en los bienes eternos y sucumben, por estrechez de miras, ante la avidez de bienes materiales. Los que inducen al mal pueden ser considerados ángeles apóstatas.Etc.

  La Mujer melancólica evidencia tristeza e indiferencia, dos características del estado atrabiliario al que el cristianismo medieval llamó también acedía. Bajo el influjo de Saturno y de Satán, la acedía proyecta los peores males que pueden cebarse en el individuo. Bosch refleja precisamente la dejadez de la Acedía –sin duda aplicada a los deberes religiosos- en su Tabla de los Pecados Capitales. Parece lógico pensar que la Mujer de la Caverna representa los síntomas de la enfermedad espiritual y que, por ello, debe de ser un icono de la indolencia moral y religiosa.  La Mujer que suplanta al Cordero entraña la faz negativa de la Iglesia.  

Todo el que persigue los bienes temporales y caducos, se dirige hacia el ocaso; quien desea, sin embargo, los bienes celestes, demuestra haber puesto su morada en Oriente.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                   Gregorio Magno


(1)Las Mujeres aquí son las Hijas de Venus, descendidas de Eva-Venus, nacida en viernes (VI día cosmogónico) como Adán (prefiguración -por otra parte- del Viernes Santo).

11sabel Mateo Gómez lo hace notar en El Bosco en España (1965). Tras identificar al hombre de la Caverna como Juan  Bautista, la autora expone que éste, en lugar de señalar al Cordero, señala a Eva

[2] …que deviene modelo contemplativo para el monacato femenino. En JD, la Monja Cerda del Infierno, trasunto y evolución de Eva Caída-Proserpina, encarnando a la Iglesia (réproba), lo dice todo

[3] a) A partir de Tertuliano el paralelismo Eva-María aparece inseparablemente unido al paralelismo Eva-Iglesia. J.C.R. García Paredes, Mariología, p. 214.  b) Eva es typo ecclesiae (Jerónimo) y figura ecclesiae (Agustín). Op. cit.

     CONTINUA LEYENDO EL CAPÍTULO V 

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