CAPÍTULO III

I.  ESCENOGRAFÍA DE LA CAVERNA 

1. EL OTOÑO

Con el pronus annus, en el otoño, se inicia el declive, el camino cierto hacia el seno de la tierra. Cuando el Sol ya alcanza el último cuadrante, se acerca la hora postrera, el ocaso.

El día, el año, las Edades del Mundo, las Edades del Hombre, y toda la mecánica cósmica, se articulan en ese último engranaje del año, el otoño. En su marcha abocada al crepúsculo y las tinieblas o, venturosamente, a la regeneración virginal…

El atardecer, el letargo de la naturaleza después del pródigo verano, la edad adulta y la caducidad del tiempo de la Historia Humana, con los demás efectos crepusculares asociados a la cadencia cíclica, se han expresado en las concepciones religiosas mediante la morfología escatológica, reflejándose consecuentemente en el calendario litúrgico. El cristianismo, religión de herencia cósmica y solar, está profundamente impregnado de ello.

La Caverna es el espacio de El Jardín dedicado a las analogías de la última hora -el cuarto cuadrante del arco diurno- que anuncian el final del tiempo (o de la Era de Cristo), y al problema de la Salvación.

DibujoCAVERNA

En la boca de la gruta un hombre joven ejerce de gnomon (“indicador de la hora” o de la posición del Sol ). En el acto este personaje señala a la Mujer absorta, cuyo cuerpo desnudo esta bañado por la luz dorada del día sobre el costado derecho, e inmerso en sombras por el lado opuesto. El efecto lumínico, bien contrastado, expresa concretamente el ocaso, el ocaso del día; o en otro orden, el otoño de la vida.

2. EL CUADRANTE MELANCÓLICO

El manifiesto desánimo que revela el semblante de la Mujer se hace patente a cualquiera inmediatamente. La protagonista, apoyando el rostro en la mano izquierda, parece dirigir su atención al pasado, denota un estado de profunda desazón.  Esta figura de la Mujer personifica a la Melancolía. Lo revela su aspecto precario, se deduce de su colocación  en el lugar correspondiente (Otoño…), pero también se sabe porque su figura responde al tipo iconográfico que la alegorizó. La postura que observa responde precisamente a la que fue tradicional y canónica de la Melancolía.

La dolencia atrabiliaria, la depresión melancólica, se presenta cuando llega el otoño y es debido a la disminución de la luz solar. La afección anímica aqueja sobre todo a las mujeres maduras.

Tristeza e indiferencia son las dos características del estado exánime que el  cristianismo medieval consideraba uno de los siete Pecados Capitales, al que se llamó Acedía (después Pereza). Parece lógico pensar que la Mujer de la Caverna representa los síntomas de la enfermedad espiritual y que, por ello, debe de ser un icono de la indolencia moral y religiosa.

El atrabilismo  fue considerado por teólogos medievales como la consecuencia del Pecado Original, transmitido a toda la humanidad desde la madre Eva.

Entrando en un terreno más tétrico y saturnal de la melancolía, es decir, afrontándola desde el punto de vista psicopatológico, al parecer ésta surge cuando El porvenir está cerrado por la certidumbre de un acontecimiento destructivo y terrorífico. Además, el estado de endemoniamiento coincide en esencia con los síntomas de la melancolía (Peñalver) y es que, el estado melancólico propicia la actuación de los espíritus malignos sobre sus víctimas llegando fácilmente a poseerlas. La postración melancólica se relacionaba con Saturno: en JD la afección de la Mujer atrabilitana (fría y enjuta como la tierra elemental) encaja con la sensación crepuscular de angustia que suscita la amenaza del fin, que el Otoño anuncia.

…quando, por alguna imaginación, el hombre faze grandes pensamientos, e ésta se llama melanconía, e es de mil maneras según dize Hipocras, e es ramo de locura. E de aqueste vicio desciende e procede el ramo de la desesperación, el qual es el mayor pecado del mundo, según Aristóteles.

                                                                                           Flor de virtudes [5].

3. LA VISTA

A la Parte de la Caverna corresponde el sentido de la Vista. La vista es el sentido asociado al otoño en las antiguas clasificaciones analógicas de orden cuaternario.

La presbicia, defecto de vista cansada surge por la edad adulta, afecta especialmente a las mujeres. En la Caverna el acto de ver está  aludido a través de la sutil trama de señales que incitan al espectador del tríptico: el conspicuo personaje masculino mira de frente buscando los ojos del observador al mismo tiempo que gesticula obligándolo a deslizar la mirada hacia la Mujer melancólica de la derecha. No es ajeno a esta urdimbre óptica el contraste entre luz y sombra que coincide en la escena. Por razones obvias, la facultad humana más importante en JD es la visión.

Y en la Mujer melancólica, de actitud retrospectiva -significada por la mirada-, también interviene el propósito perceptivo.

4. EL GNOMON

Con anterioridad ya se ha hecho referencia a San Juan el Bautista y se le ha puesto en relación con la primera figura masculina de la Caverna, es decir, el aquí llamado Gnomon. Reconocido, en principio, por su típico gesto y característica indumentaria, ha sido Isabel Mateo Gómez la primera en sostener esta identidad del personaje agazapado en la Caverna[1].

En la iconografía tradicional, Juan, como gnomon, señalando con el índice al Cordero, pone de manifiesto su simbólico rol de profeta, precursor y conocedor o iniciadoGnomon (del griego gnomé, “conocimiento”) significa indicador y que tiene conocimiento[2]. Y el Bautista así es reconocido, por ejemplo, en La Leyenda Dorada.

El Precursor, Juan, tuvo “plenitud de ciencia” (Ambrosio). Poseía la prerrogativa del conocimiento (como profeta genuino); desde el vientre materno muestra sus cualidades extraordinarias al reconocer a Jesús estando ambos in utero. Juan es el dos veces profeta de la Encarnación del Verbo Divino, la primera implícitamente (Visitación), la segunda explícitamente, en el Jordán (Bautismo de Jesús). Juan precede a Jesús y anuncia al mundo la presencia del Mesías: “Ecce Agnus Dei“, enviado para la Redención. Estaba escrito en el profeta Isaías: He aquí que yo envío a mi mensajero delante de ti (Mc. 1). Incluso Jesús elogia al Bautista, “más que profeta”: Éste es de quien se ha escrito: “Mira, yo envío delante de ti un mensajero, el cual te irá preparando el camino” (Lc 7; Mal 3 ). El santo asceta, Juan, es el mensajero celestial, como lo fuera Hermes -hijo del cielo y de la luz- cuyo nombre significa “interprete”, mediador. Es el “pregonero del Juez”; el portador de la palabra divina a los mortales.

   Nota que dize “angel” [por sant Johan Babtista], para demostrar que es el verdadero mensajero de Dios, porque el angel quiere decir legado o mensajero, embiado a denunciar la voluntad de Dios.

                                            Del Libro del conocimiento del fin del mundo[3]

Él es, por otro lado, la fíbula, el puente entre dos etapas: la judaica y la Era de Cristo (la Antigua Ley y el Reino de Gracia).

El cordero en la antigüedad estaba consagrado a Mercurio-Hermes, protector de los pastos y de los rebaños. En la iconografía, el Bautista aparece muchas veces señalando al Cordero, su atributo principal. El significado de la imagen es evidente, pues, sencillamente, ilustra alegóricamente el encuentro en el Jordán, donde el Bautista identifica a Jesús como el Mesías. Pero en la Caverna, el Gnomon apunta con el dedo a la mórbida Mujer, no a un cordero; el hecho supone una sustitución  o suplantación por lo que el planteamiento debe ser valorado, interpretado.

Como paralelo de Mercurio-Hermes, y por asociación con la potencia astral correspondiente, Juan guarda pues connotaciones “sidéreo angelicales”; considérese que su vocación de precursor y eterno acompañante del Señor pudiera fundamentarse en el comportamiento del planeta Mercurio con respecto al Sol, por su condición de “planeta interior”. Por eso el Pródromo-Psicopompo sería matutino o vespertino -como el arcángel Miguel-, según su función coyuntural. En el otro registro, pagano, Hermes cumple la función de conductor de las almas.

Las analogías de corte astral son extensas y de acuerdo con ellas se han elaborado variadas alegorías. En La leyenda dorada, por ejemplo, se le llama Lucero anunciador del alba de la alegría eterna (¿Mercurio?).

En la época del año en la que los días son más largos que las noches, concretamente el 24 de junio, coincidiendo con el solsticio de verano, centro del anno domini, se festeja la natividad de este santo. La fecha se corresponde diametralmente en el annus con la del nacimiento de Jesús, que se fijó en el 25 de diciembre, es decir, sobre el solsticio hiemal, seis meses entremedias, de tal manera que conforman entre las dos efemérides extremas un cardo anni, un eje absoluto del año.

Pero el momento de mayor incremento solar (solsticio vernal), es también el inicio del declive: Es necesario que Él crezca y yo disminuya, dice el Bautista.

La disposición de las fechas claves dedicadas a los natalicios de Jesús y Juan vino a “cristianizar” los ritos solares preexistentes-persistentes en cada caso. Más allá de esto, la morfología gnomónica que estructura los planteamientos religiosos y la liturgia cristiana articula estos referentes argumentales, mitológicos, personalizándolos en sendos catasterismos que conforman la disposición cíclica bipolar.

…el tiempo litúrgico es una manera de concordar el tiempo solar con el sentido de la religión […] los Padres de la Iglesia compararon el curso de la vida de Cristo con el del Sol (San Atanasio); el oficio diario, las horas, recrean asimismo este curso[4]. Por eso en la Sainte-Chapelle, las vidrieras, que representan la historia universal, se ordenaron siguiendo el curso del astro diurno. El declive del sol (ya sea diario o climático-estacional) que precede a la Noche-Invierno, o sea, a la “Última Hora”, deviene una circunstancia de inquietud espiritual ante la incertidumbre del crepúsculo. Cuando el ciclo gnomónico se compara a la vida del hombre -de cada individuo- por necesidad mueve al creyente a la reflexión moral y al deseo de una Vida Eterna. Cuando el periodo cuenta millares de años y se asimila al Gran Ciclo Escatológico, es posible temer que la Última Hora sea desconcertante…, una catástrofe. La llegada del Mesías, en un nuevo día, traerá la salvación y el cese de la historia. En este brete, entre la amenaza de la condena y la expectativa de la salvación, destaca el papel dramático del siempre adusto Juan con su batuta digital o caduceo, marcando las pautas, indicando la Hora…

El Gnomon representa el nexo teofánico en la serie: NOCHE (preludio, gestación) – DIA (sol, vida) – NOCHE (tiniebla, muerte) / SOL DE JUSTICIA. A efectos de El Jardín el tándem Mercurio-Juan interviene en tal sentido en la Primera Hora-Orto en la Parte alta del Paraíso: IV día, Miércoles, día de Mercurio a la hora de Mercurio; creación del Sol y las demás luminarias del cielo; cómputo del tiempo (día, noche, calendario, medida, mes: asuntos de los Hijos de Mercurio); coincidiendo, además, el Equinoccio de Primavera y Aries (Cordero). También interviene en la Duodécima hora-ocaso, en la Caverna (canal de paso al Infierno-Noche), en virtud de su doble función de Precursor de Cristo y de guía de las almas, ubicado en Virgo-Libra. En esta posición marca el Equinoccio de Otoño, es decir, el comienzo de la etapa crepuscular de carácter eminentemente escatológico.  En esta ubicación también concuerda con la especificidad de su rol en el contexto del Adviento litúrgico al final del otoño.

Mercurio-Juan está, por tanto, en correspondencia con los goznes / las puertas del día (y del año y de la Historia). El caduceo de Mercurio -antes de Apolo- tiene la facultad de convertir en luz las tinieblas. Ése símbolo instila la fuerza suprema (¡y no es otra cosa que un axis mundi o gnomon solsticial!). Y Fue obra de Dios en el Primer día la “división de la luz de las tinieblas”, y lo será igual en el Último como consecuencia del Juicio Final (Gloria o Tinieblas). Juan vela precisamente en estas coyunturas bifaces… Como psicopompo tiene la especialidad en el paso del crepúsculo a la luz y viceversa. En calidad de conductor de las almas participa en la Deesis, anuncia los advientos (Visitación; Adviento litúrgico).

Juan, el “feto-profeta”, saluda al Redentor en una fase que por ser non nata es asimilable al crepúsculo matutino. Por ello es considerado testigo principal de la Anunciación y los misterios de la Encarnación. Asuntos también concernientes, en otro plano, al periodo “pre-primaveral” y antelucano.

Así que la adscripción del Bautista a la liturgia del otoño y su relación con la escatología, decidieron su colocación en figura, dentro del plan de El Jardín, en el apartado dedicado a la Última Hora y los asuntos soteriológicos. Es decir, en la  Caverna.

La constatación de la relación del Bautista con el otoño, en la proximidad del Adviento litúrgico, confirma, de alguna manera, pero sin duda, tanto la cosmización ritualizada como la disposición crono-escatológica, de fondo gnomónico, de El Jardín de las delicias.

Al parecer, una de las motivaciones de la relación del Bautista con el otoño está en la coincidencia de la visibilidad de la constelación del Cordero-Aries en esta época del año. El cordero –víctima- aparece en la liturgia otoñal como Señor del mundo, con sentido escatológico-adventista, …apocalíptico.

La festividad del Bautista, que se celebraba en la primera dominica después de la onomástica (con procesión de la Virgen), junto con las celebraciones de la Asunción y la natividad de la Virgen, conformaban las tres fechas señaladas específicas de los cofrades de Bosch.

5. LA ÚLTIMA HORA

El año litúrgico comienza con la primera dominica de Adviento del Señor, cuatro semanas antes de la Navidad; durante ese tiempo eclesiástico se conmemora el misterio de la Encarnación (Anunciación y Visitación principalmente, hasta la Venida) y el Antiguo Testamento (Adviento histórico). Es a la vez, y por todo ello, la ocasión de especial protagonismo del Bautista, presente en las lecturas de los domingos 2º, 3º y 4º de Adviento y del Sábado de Témporas de Adviento que incluyen mención a las prefiguraciones veterotestamentarias del Bautismo. En los oficios del Adviento la Iglesia pide al Señor que envíe al Cordero dominador de la Tierra, motivo especial del libro de la Revelación. Las connotaciones escatológicas de este periodo son patentes.

El Adviento litúrgico evoca a la vez un Adviento Histórico (etapa desde Adán a Cristo) e invoca un Adviento Escatológico (la Segunda Venida). La simbólica espera  del advenimiento del Salvador reporta al espíritu cristiano un ambiguo sentir de sobrecogimiento a la vez esperanzado y temeroso. Las dos fases, histórica y escatológica, son, analógicamente, asimilables a los doscrepúsculos pre y postCristo-Iglesia terrenal.

Con respecto al Adviento del Señor las correspondencias de sus motivos con las pautas solares son evidentes: cuando el Sol se retira hacia el sur del ecuador celeste disminuye la luz de forma progresiva hasta la llegada del solsticio de invierno (nacimiento del sol); esto adquirió significado religioso tanto cosmogónico (por analogía con la gestación) como escatológico (muerte).

Basándose en las mismas analogías cosmológicas y crepusculares que dan sentido a esta etapa litúrgica de Adviento, a las Horas del Oficio de Nuestra Señora de Maitines, Laudes y Hora Prima (las nocturnas y las próximas al despuntar del Sol) se las ha relacionado también con la Encarnación. Adaptado al contexto de JD, el oscuro estadio prenatal guarda claras similitudes analógicas con el preludio cosmogónico, que da paso en el IV Día a la creación del Sol. Las horas de la madrugada se asimilaron a las fases intrauterinas del ciclo reproductor, desde la concepción hasta el parto-”orto solar” (obsérvese el uso corriente de alumbrar o dar a luz, por parir).

Como consecuencia de la aplicación de estos cómputos ambiguos al tríptico, resulta que la etapa antelucana y la vespertina (cosmogonía y escatología) se asemejan.

El preludio cosmogónico (en El jardín sito en PE) y la Última Hora-Crepúsculo (en C e I) guardan curiosas analogías. Las concordancias entre los dos ámbitos tenebrosos son profusas.

De forma análoga la Última Hora, el crepúsculo vespertino, se asimila a la víspera, el sábado, etc. Y por lo mismo, en tal sentido, se llegan a establecer íntimas correspondencias simbólicas, por repetición o semejanza, con el crepúsculo matutino (preludio solar); que da paso al sol-domingo.

Tal como se aprecia en el cuadro precedente, cada 3 días se cierra un ciclo: dos días de preludio y la manifestación en el tercero. El referente emblemático y adecuado del creyente debe de ser el de la Pasión de Jesucristo. En el planteamiento fundamental del año litúrgico están también reflejadas estas analogías cosmológicas (que entrañan la morfología religiosa). El Otoño-Adviento precede, anuncia y prepara, la Venida, el Nacimiento del Sol-Cristo; después el letargo invernal propicia las condiciones de la Resurrección en la Pascua-Primavera. Tres fases: Otoño, Invierno,…y Resurrección con la llegada de la Primavera. Siempre el mismo esquema servido por los comportamientos de los astros. Este mismo esquema, que marca el modo del periodo formador del mundo material (cosmogonía), marca igualmente la pauta del devenir escatológico. Hay, pues, una simetría que asemeja principio y final por seguir el mismo patrón cosmológico.

La Iglesia, coincidentemente con la puesta del Sol o Duodécima Hora, celebra Vísperas, hora canónica del Oficio Divino después de Nona. En ella se recuerda la visita de la Virgen María a santa Isabel estando ambas encinta.

Vísperas, del latín vesper, el vespero o hesperio,  se refiere al planeta Venus cuando se presenta occidental (tras la puesta del Sol y próximo a su propio ocaso.  Vespertinum officium est in noctis initio, vocatum a estela vespera quae surgit oriente nocte (san Isidoro de Sevilla).

Desde el propósito que se sigue en JD, el Cordero sacrificial judaico y la historia de Daniel (que prefigura el bautismo y profetiza el Fin del mundo), lo que se recuerda en el Oficio de Vísperas, tienen relación con el Bautista y la Caverna (Última hora).

Otras referencias tipológicas que se hacen durante el Oficio de esta Última Hora tienen la connotación de actitud expectante ante la proximidad de la llegada del Salvador (Primera y Segunda venidas) en un amanecer glorioso. En tal sentido el esquema escatológico subyacente tiene su reflejo puntual en el Adviento, tiempo de júbilo ante la perspectiva de la buena nueva y, a la vez, de sobrecogimiento ante la inminencia del fin de los tiempos. El Adviento -como ya se ha visto antes- muestra un carácter litúrgico consecuentemente crepuscular.

En los oficios de la antenoche, después de Nona (hora de la muerte de Jesús, en viernes o víspera) se recuerda el descendimiento y sepultura de Cristo. Este itinerario dramático no oculta las similitudes con el periodo gnomónico declinante ocaso-noche.

La Visitación, antes brevemente mencionada con relación a Vísperas, antiguamente se conmemoraba de forma especial en el oficio del Viernes de Témporas de Adviento precisamente. En esta misa se lee a Lucas: cuando María visitó a Isabel, el niño Juan se removió en el vientre de su madre, y se cita a Zacarías: Vendrá el Señor y en el día del Juicio brillará una gran luz. Estas lecturas, con contenido inherente del Precursor (en su misión profética innata), son alusivas a la Primera y Segunda Parusía y resultan también acordes con el mencionado sentir temporal del Adviento.

Por las similitudes entre gestación y crepúsculo cosmogónico (reproducido cada día con sus pautas), los temas de la Anunciación y de la Visitación, aparecen relacionados, en los Oficios de Nuestra Señora de los Libros de Horas, con Maitines y Laudes respectivamente. Y Natividad con la Hora Prima, consecuentemente. Para completas, siguiendo el paralelismo mariocristológico, en las Horas se recuerda la Muerte de la Virgen, la Asunción o la coronación.

La Visitación (con la Virgen Anunciada) está profundamente relacionada con el misterio de la Encarnación, por el anuncio del Cordero a través de la primera profecía de Juan. La Encarnación revela la divinidad del Hijo, el Verbo hecho carne…  El Cordero representa la encarnación del Hijo de Dios (Ruusbroec).


[1]Al que, además, connota escatológicamente

[2]Gnomon  -oinis, tambiénescuadra, cartabón y cuadrante.

[3]Del Libro del conocimiento del fin del mundo. En Guadalajara Medina

[4]Esteban Lorente

[5]Flor de virtudes. ¿Zaragoza, Pablo Hurus, 1491?

    

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