CAPÍTULO II

 “Lectura dinámica del tríptico”

                                                  III.    CICLOS TEMÁTICOS

El sol sale, asciende, se encumbra, desciende y se oculta en el ocaso… y cada día renace iniciando un nuevo ciclo. En su recorrido anual produce las estaciones. Cada año, coincidiendo con el equinoccio de primavera la vida en la naturaleza se regenera; ésta, siguiendo la pauta de las sucesivas fases del desarrollo cíclico, crece hasta el punto de inflexión (crisis), desciende y se retrae.

La misma vida del hombre, como se dice en las Metamorfosis, se asemeja al transcurso del año. Ovidio relaciona primavera con infancia, verano con juventud, otoño con madurez e invierno con vejez. Esta clasificación analógica, sin duda muy antigua, también fue asumida por la cosmografía cristiana.

Esto se refleja así en el cuadro:

Día y año se corresponden analógicamente en todas sus partes. También la vida humana transcurre en “un solo día” que va del nacer (alumbrar) al morir (obito, “puesta de sol”) e, igualmente, todo el tiempo de la Historia transcurre en una única gran jornada o Magna Dies, Gran Año…

La existencia del mundo creado, según la concepción de tiempo eterno, se equipara a un gran día que une principio y fin. De este modo, todos los ciclos temáticos posibles se engranan en el gran tronco de la noria solar.

En el cuadro de Bosch los ciclos, marchan armonizados, dispuestos técnicamente en secuencias paralelas, yuxtapuestos, acompasados. Por afinidad y filiación los ciclos siguen la tracción sideral (dirección y movimiento), según un proceso orientado ab ortu ad occasum.  Por tanto, discurren del mismo modo que la gran máquina cósmica.

Los ciclos más amplios, suprasolares, expresan el paréntesis de la vida en el mundo según la óptica cristiana, atendiendo a la cosmogonía, al trazado de la Historia y la escatología, conforme al Ciclo máximo escatológico Cristiano.

1. Lectura Lineal

 Existe una línea de lectura orgánica de JD estructurada en ciclos temáticos. Las interacciones dramáticas van conformando un tejido que se concreta en la trama general. El discurso se ramifica y extiende conforme a un orden cronológico.

La Lectura Lineal discurre de parte a parte por todo el tríptico con desarrollo preponderantemente horizontal. Toma la dirección exterior-interior y el sentido dominante izquierda-derecha, y organiza secuencialmente la narrativa.  Entre los ciclos, el mayor y más fácilmente identificable, el Ciclo del Día, va señalando cada parte de un día natural. Es el ciclo guía, el más simple posible. Sobre este ciclo cósmico elemental corren superpuestos -correspondiéndose en todas sus fases- otros ciclos de mayor y menor rango o entidad. Por ejemplo, el del año, que en sus partes, resulta fácilmente asimilable al día.

Líneas generales del modo de lectura en ciclos (orden y dirección):

2. La Caverna

En el transcurso del año los solsticios y equinoccios y sus correspondientes signos astrales son referencias cardinales que anuncian el comienzo de las estaciones, y marcan los meses.  En el cuadro, la parte de la Caverna (última  hora) se asocia al período de detrimento solar, el otoño, cosa que en JD se produce bajo el signo de Virgo (debido a la aplicación de la precesión de los equinoccios). La Mujer, cuyo aspecto denota una edad madura, recuerda el otoño de la vida. La protagonista de la Caverna está semienterrada y próxima al ocaso de la vida (occasus, “caída”, “ocultación”). El conspicuo personaje masculino, elGnomon, es decir, el iniciado, la señala, aportando, de facto, un inmediato significado moralista o sentencioso. A este personaje, por su aspecto y compostura, se lo ha asociado al Bautista (Mateo Gómez). 

DibujoCAVERNA (2)

En la Caverna convergen todos los Ciclos.
Representa el Otoño, el Norte, la Edad Madura,
la Vista, etc.

  3. Ciclos solares

En el tríptico se encuentran perfectamente identificables las partes del día en su conjunto. Esto se observa con una mera operación visual -sin dificultad- pues orden y cromatismo responden exactamente a las sucesivas variaciones de la luz durante el día natural.

Las partes del día están extendidas desde el Paraíso hasta el Infierno, en paralelo con las estaciones del año.

El ciclo del año coincide en sus partes con las propias del tríptico:

La primera hora se sitúa en la parte alta del Paraíso: la banda gris azulada del fondo (horizonte) aparece bañada de la claridad crepusculina del alba, y se proyectan sombras que por su posición informan de la procedencia de la luz desde atrás. Un poco más abajo el paisaje dorado y las bandadas de madrugadores pájaros muestran sin paliativos la incidencia de la luz solar tras el amanecer (orto). Es la primera hora. Al alba sucede la aurea hora, la aurora.

En la parte central del tríptico es medio día o poco más, y se constata en el reflejo -o imagen del sol- que brilla sobre la esfera anillada de la Fuente azul. La última hora está rigurosamente expresada en el juego de luces doradas y de sombras que convergen sobre el cuerpo de la Mujeren la esquina de la Caverna. Supone el anuncio del ocaso. En la Parte del Infierno ya es, nuevamente, la noche.

4. Ciclos cosmogónicos y escatológicos

a) Gran Día

Al ciclo litúrgico cristiano se le ha identificado a partir del siglo XIII con el Gran Año del mundo, que comprende el período desde Adán hasta el Juicio Final. El Gran Día o Magna Dies atañe a la proyección del ciclo máximo cosmogónico-escatológico sobre el cuadro.

El Gran Día o Magna Dies se refiere a un período de tiempo teórico igual a la Edad del Mundo creado, de principio a fin… Comienza con los primeros instantes de la creación (PE) y termina en el Infierno, ya sea considerado éste como una visión apocalíptica o como Juicio Final convencional.

En conjunto el retablo conforma un ciclo completo escatocosmogónico, por tanto, de dimensión cronológica universal.

Día natural y Magna Dies:

  b) Diei Creationis

Este ciclo es muy coherente a la vez que riguroso en cuanto sigue literalmente (aunque no ilustra) el relato bíblico del Génesis.

Iconológicamente el ciclo cosmosgónico  en JD no  se identifica más que a partir del  -aparente- III día de la Creación con la representación de la Tierra en la Parte Exterior del tríptico, cerrados los postigos. Desde allí también el Fiat con su fórmula retórica: Pues lo dijo, y se hizo; él lo mandó y así fue (Salmo 33, 9) alude a todos los días de la creación e Historia de forma genérica.

Efectivamente, en la grisalla se representó a la Tierra con cierta apariencia placentaria… pero no ya en el III día, sino en la madrugada del IV día: el reflejo de la luna creciente, recién creada, refulge sobre la cúpula cristalina.

Y dijo Dios:     Que haya lumbreras en la bóveda celeste para separar el día de la noche, sirvan de señales para distinguir las estaciones, los días y los años; que luzcan en la bóveda del cielo para alumbrar a la tierra (Génesis, 14).

Cuando amanezca este día, ya en el interior del tríptico (P), será el primer orto  solar ¡aparece el color!

Primer orto solar. Días IV, V y VI.
Opus ornatus ¡Aparece el color!

Dios también dijo: Que las aves aleteen sobre la tierra (Génesis, 20). En el cuadro, en el mismo momento en que luce el áureo sol, vuelan en bandadas. El día V así fue.

Para el VI día Dios dijo, por este orden: primero, produzca la tierra seres vivientes por especies: ganados, reptiles y bestias salvajes por especies. Y así fue (Génesis, 24) y, en el cuadro, siguiendo el recorrido en sentido descendente por el panel del Paraíso, así se hizo.

Después, añade la Biblia…dijo Dios: Hagamos a los hombres (Génesis, 26) y, de acuerdo con el mandato divino, así se refleja y sucede en el plano inferior del Paraíso. Allí está pintado el instante de la creación de Eva.

Sabemos que Adán y Eva fueron creados un viernes, en concordancia prefigurativa con el Viernes Santo y la Encarnación y que el VII día, sábado (sabbatum), el Señor descansó.

Este período de siete días ha sido considerado siempre como figura o virtual modelo de la semana.

Creación del VI Día. Viernes.

Se impone un cálculo: Si el VI y el VII días son respectivamente viernes y sábado, al día I de la creación -como primer día de la semana- le correspondería, naturalmente, ser domingo (Dominica dies, día del Señor). El cálculo progresivo nos lleva a la deducción de que en la tabla del centro del cuadro debe de ser (teóricamente) el día siguiente, o sea, domingo otra vez.

El día que ahora llamamos domingo corresponde al tercero tras la muerte del Redentor, pero en el orden de la creación es el octavo, al ser también el primero de la semana, ya que se puede contar correctamente como octavo una vez completado el ciclo de siete días.   

Gregorio Magno.                                                                                                                                                                                                                                                                       

Por tanto, en el centro del retablo es domingo, Dies solis, a mediodía, la Hora Santa

VIII Día. Domingo, Hora sexta. Vere annus.

   5. Ciclos biológicos

Los ciclos biológicos, como ya se ha dicho más veces responden al patrón solar; su desarrollo es análogo al recorrido del sol. Los seres vivos, tras la gestación, nacen, crecen, alcanzan la madurez, procrean, declinan y mueren.

  a) Las Edades del Hombre

Este ciclo tiene sus correspondencias concretas en el orden cuaternario. 1) La infancia se identifica con la primavera. En el cuadro se asocian la creación del hombre y la “infancia de la humanidad” (P). 2) La juventud se relaciona con el vigor veraniego expresado de forma muy explícita en la tabla central (PC). 3) La madurez, en correspondencia con el otoño y el carácter melancólico, se representa en el recuadro de la Mujer (C). 4) la vejez, el “invierno de la vida”, se sitúa en la parte del Infierno, encarnada por el degenerado Hombre Huevo simbolizando (cuando menos) la decrepitud física.

Ciclo del Hombre en relación con las partes del día, en toda su extensión:

  b) Ciclo de la Mujer

  Transcurridos los años de la mediana edad, desciende hacia el ocaso por el declive camino de la vejez.

  Ovidio. Metamorfosis.

La Mujer otoñal, en la Caverna, es la clave del ciclo femenino. Localizada sobre Virgo, se corresponde con el noveno mes, septiembre, período igual al del embarazo (contando desde los albores del año). El período de gestación de la mujer tiene una media de doscientos sesenta y seis días. Por tanto, si se considera el momento de la fecundación coincidente con el inicio del año, se comprueba que el alumbramiento ocurriría el 23 de septiembre, exactamente el día en que se produce el equinoccio de otoño.

Con el cuerpo semioculto en el suelo, la figura femenina alude a la época de la siembra (Mensarios). En la constelación de Virgo se halla la estrella llamada Espiga (y, otra, Vendimiatrix).

La edad de la mujer adulta de la Caverna, en la cuarentena, está vinculada al climaterio (menopausia, cese del mes) u ocaso de la fertilidad.

  El ciclo de la luna se relaciona estrechamente con el ciclo de fertilidad de la mujer. La regla o menstruación coincide con el mes -medida- y el mes es la expresión del ciclo lunar.

   Si se retoma el cómputo de la semana de la cuenta dejada en el ciclo de los días de la Creación (domingo, VIII día de la parte central del tríptico), se colige que a la Caverna corresponde correlativamente el lunes, o día de la luna, y día IX.

  Un inevitable hilo conductor relaciona a Eva con su descendencia femenina y lleva hasta la Caverna, y más allá, conformando una especie de dramatis personae femenino. A partir de ello, se deduce también la derivación temática hacia las implicaciones del pecado original en la trama y, por supuesto, sus consecuencias.

pe postigos

                                  

         

 IV.    APOTEOSIS

  Cristo resucitó en la madrugada del primer día de la semana, domingo (Marcos); el orto cristológico se funde con el fulgor deslumbrante del astro solar.

En la eucaristía, misa del mediodía, el sol irradia sus destellos (Huizinga). En la anáfora, elevación de la sagrada forma, el oficiante proclama: “Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Juan 1). Ante los ojos de los fieles se alza la imagen solar en una oblea de trigo, es el cuerpo de Cristo.

En la creación del IV día y el amanecer diario se basa la analogía cósmica de la resurrección, misterio sobre el que pivota toda la cristología. Atanasio comparó el curso solar con la vida de Cristo, al que Ambrosio y Cipriano llamaron Nuevo Sol y Verdadero Sol, respectivamente. Para Crisóstomo, Jesucristo se asimilaba al Sol Naciente.

Para el místico brabantino Ruusbroec el sol era también símbolo de Cristo, al que llamó consecutivamente: Sol de gracia, claro sol, el sol amable, sol glorioso, sol de justicia, sol de la eternidad, sol brillante, verdadero sol, sol divino, etc., etc., etc.

  El arco solar diurno, por similitud analógica, pone de manifiesto la vigencia del Reino de Cristo,Sol de la Nueva ley. El curso solar es la manifestación del poder divino. Cristo, pantocrátor y cronocrátor, señor y rector del tiempo, gobierna el mundo desde las alturas.

El día no es si no la presencia del sol. Todo reside en el misterio de esta presencia que es presencia perpetua /…/ El sol es símbolo de la eterna presencia de esta luz creadora que irradia el sol de justicia. Ella, a su vez, no es más que el símbolo del Verbo de Dios, en quien y por quien todo fue creado e iluminado… (Biblia de San Castor de Coblenza. S.XI).

El Sol que sale es símbolo del Dios resucitado. Y, al mismo tiempo, el Sol naciente es el símbolo del Cristo que trae la esperanza en la parusía. Por eso la oración en la iglesia primitiva se dirigió hacia Oriente. La cruz en el ábside es signo de la fe escatológica (Ratzinger).

El Salvador viene el 25 de diciembre, coincidiendo con el solsticio de invierno (“nace el sol”), sin embargo, el ciclo del año litúrgico se renueva en Adviento, cuatro semanas antes de Navidad, esperando la buena nueva, aunque también recordando el anuncio del fin de los tiempos. En ambas facetas conmemorativas de este período de tránsito las correspondencias con las pautas solares saltan a la vista. De ahí en adelante se ordenan el año litúrgico y el ritual, haciendo hincapié en los solsticios y equinoccios (Esteban Lorente).

El sol, la luz del sol, en su exaltación mística significa la resurrección para todos los hombres.

No pasa desapercibido que Jesús eligió a doce seguidores, forzosa coincidencia zodiacal que presupondría una proyección cosmológica sacramentada. Lo mismo el Tetramorfos.

En el arte cristiano de los primeros siglos se había representado a Cristo como Apolo, el radiante, dios griego de la luz y del sol. Dentro de la simbología cristiana tradicional, la comparación entre Cristo resucitado y el Sol es una realidad palmaria. Si bien hay que aclarar que jamás se ha tratado de una identificación de Jesús como dios-sol, al estilo imperial romano.

En la Mesa de los pecados capitales, el Bosco representó al resucitado sobre un sol radiante que a la vez conforma un iris ocular: Cave, cave, Dominus videt…  En JD y en la Coronación de Espinas (Escorial), Bosch pone a Cristo un broche dorado con el glifo solar.

En JD la solarización de Cristo consigue “presencia” anicónica, no obstante, su perfecta visibilidad se descubre a través de los efectos de la luz.

El sol nos arrastra dentro de su propia claridad donde obtendremos la unidad con Dios, y si seguís los rayos resplandecientes que, del rostro de Dios, brillan en vuestras miradas, ellos os conducirán hasta el principio de vuestro ser creado donde no encontrareis más que a Dios solo (Ruusbroec). Estas palabras del inspirador de la Devotio Moderna significarán todo para quien, hallándose perdido por las sendas del tríptico, “entre tinieblas”, quiera encontrar el camino…

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 JD es un retablo cosmizado En el se expone el sistema del mundo desde la Creación hasta el Último Día. Las referencias cosmológicas alcanzan todos los niveles.

Cosmografía subsolar escatocosmogónica.

“Justino designa el domingo como el «primer día», refiriéndolo simultáneamente a la resurrección y a la creación del mundo”[1]. El día que llamamos domingo, decía Gregorio Magno, es el octavo en el orden de la creación ya que así se puede contar una vez completado el ciclo de los siete primeros días. Según la cuenta de los días de la semana de JD, el primer Día cosmogónico sería Domingo y, correlativamente, el siguiente al sabbat, otra vez Domingo, por lógica, siguiendo la disposición narrativa. 

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[1]M. Eliade, Historia de las creencias … vol. II, p. 474

                                                       

 

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