CAPÍTULO I

“Estructura y lenguaje simbólico”

I.    ESTRUCTURA

1. Tríptico

La elección del formato por parte del artista habría sido absolutamente deliberada, producto de la necesidad de un soporte adecuado a las características del contenido y su compleja naturaleza. El armazón móvil, por sus potencialidades, resulta idóneo  para exponer ciclos y disponer una trama narrativa.

La delicadísima línea argumental del JD precisaba de los contrapuntos, inflexiones e, incluso, movimiento que le proporciona la versatilidad del retablo.

2. Composición. Simetría

 Los ejes compositivos han sido ostensiblemente resaltados. La configuración general del cuadro es prolija en simetrías (lo que proporciona una organización básica al contenido), incluso en sus partes.

Eje del tríptico y ejes de simetría en Paraíso y P. Central.

La forma en sentido amplio es el primer dato objetivo en la perspectiva de desentrañar la modalidad de lenguaje utilizado. En JD la disposición axial, las notables simetrías y otros elementos centrales conducen irremisiblemente al análisis de sus significados. Por de pronto las referencias céntricas informan de una total determinación de orden constructivo y ponen inmediatamente de manifiesto algunos rudimentos de la técnica narrativa.

 

Simetría de la Fuente del Paraíso

Gran Fuente (PC), situada sobre el eje de todo el tríptico.

II.       SIMBOLISMO

 1. Simbolismo del centro

Los principales elementos de interés simbólico colocados al centro son, en la tabla principal (PC), el León, situado en el centro geométrico de todo el tríptico, y el Cardo, figura circular, cuyo punto central cae sobre el eje principal. Para el simbolismo, la teoría del centro apunta a conceptos sagrados antes que a vivientes comunes terrenales: “El centro corresponde a la zona de lo sagrado” (Cirlot).

Sorprendentemente, contraviniendo el uso normal que debería situar a los máximos valores jerárquicos en los lugares principales, en JD, éstos aparecen marginados e, incluso, iconográficamente hablando, disminuidos o miniaturizados.

El caso más flagrante es el de Dios Padre extrañamente colocado en una esquina, fundido en la grisalla exterior, confrontado, además, con el enorme tamaño de la esfera terrestre, su obra.

De esta forma, en el cuadro, el eje del mundo se ha desplazado significativamente hacia el lugar donde se concentra y expande el ocio y la trivialidad, al centro puramente terrenal, al lugar del Cardo; allí donde señorea el León.

2. El León

En el Simbolismo del centro el León es uno de los referentes tradicionales y más notables. En el tríptico de Madrid, el León, desde el justo centro de todo el cuadro, reclama al observador perspicaz un instante de atención.

Iconológicamente, debido a su discreto tamaño y relativo camuflaje en el carrusel de cuadrúpedos, aparenta tener poca importancia, pero las asociaciones simbólicas y la ubicación denotan su rango elevado.

El León tiene su primera y más importante correspondencia simbólica con el Sol.

En sentido descendente, el León es el símbolo del “señor natural” y del principio masculino (Cirlot); mientras que el astro diurno se liga siempre al mundo superior. El León representa la versión terrenal o encarnación del cuerpo celeste.

En el contexto del JD, el León, precisamente por esta correspondencia solar y por el lugar que ocupa, actuaría como marcador cronológico: por un lado señalando el instante culminante del arco solar diario, el mediodía, y por otro, en su proyección astral, como signifer, que remite al máximo vigor del Sol en el centro del verano, período regido por Leo[1] en el calendario zodiacal.

3. El cardo

El cardo, asimilado a la proyección meridiana de un gnomon[2] o estilo que produce sombra, fue utilizado por los romanos para determinar el meridiano y los puntos cardinales. El cardo representa un eje cósmico.

El término latino templum -explica Cirlot- proviene del antecedente etrusco, de cuya raíz tem (dividir) deriva: “los adivinos etruscos repartían el cielo mediante dos líneas rectas que se cortaban en ángulo sobre su cabeza, proyección de la idea de centro, el punto de intersección de las dos direcciones del plano de las líneas, llamadas cardo, la que va de norte a sur y decumanus la que va de este a oeste. Los fenómenos que ocurrían en el espacio eran interpretados según la situación en este orden”[3]. Por eso se dice contemplar. El procedimiento para hallar el cardo (cardo -inis) fue descrito por Vitruvio de este modo: a partir de un gnomon expuesto al mediodía -sol encumbrado- se determina con exactitud el meridiano local y, por derivación, los cuatro puntos cardinales. En consecuencia, se le consideraba eje universal y su desarrollo marcaba el lugar del altar, se aplicaba a la orientación de los castra, ciudades, palacios, el foro, y arquitectura sagrada.

El Sol, en virtud de su órbita concéntrica respecto a la tierra (concepción precopernicana, ptolomaica), se corresponde simbólicamente desde lo alto con el cardo (formando en conjunto un sistema de transmisión de significados).

La hipotética interpretación tropológica del iconograma del Cardo en El Jardín lleva a su consideración de imagen jeroglífica con resultados positivos. Sus inmediatas aplicaciones afectarían a la misma construcción cosmológica del cuadro.

Lo que se concreta en la orientación de sus partes:

En el retablo del Prado, el Cardo-jeroglífico da la clave de las coordenadas terrestres, y, en consecuencia, serviría para ratificar la disposición ordenada de sus partes. Tomado el cuadro, efectivamente, como un mapa (Paraíso al este, sureado), en él se representaría al mundo extractado y sintetizado.

Gran eje de simetría, centrando G. Fuente, Poza de las Mujeres, Cardo, etc.

En calidad de axis mundi el Cardo suplanta al Árbol de la Vida [4]. Cardo y Draco (el drago es el nombre del árbol del Paraíso de JD) tienen la misma composición de letras.

Cardo / Draco. El Cardo es el dragón, representa al adversario.

El Cardo ocupa el lugar del Cordero (víctima) en el mundo (redención). De hecho el simbolismo de la Cruz remite al centro absoluto del orbe y lugar preciso del origen de la Creación.

Cardo (PC)

La supuesta presencia del cardo (romano) apunta a la motivación augural o, mejor, profética que contiene El Jardín, habida cuenta de su planteamiento de carácter escatológico, evidenciado ya en la iconografía por la mera  presencia del Infierno (Juicio Final, término), contrapuesto al Paraíso (cosmogonía).El Cardo de JD es un ejemplo preciso y oportuno del modo de lenguaje de correspondencias simbólicas con connotaciones cosmológicas.

Bosch representa precisamente un cardo (carduus -i, planta) sobre el eje central de El jardín de las delicias. Además de servir para refrendar la orientación de las Partes, informa para ordenar las correspondencias cuaternarias que integran la trama interna del retablo (precisamente por estar estructurado el contenido según criterios cosmológicos, en especial gnomónicos)..

4. El sol

Los dos símbolos centrales, centrados, tratados anteriormente, León y Cardo, remiten directamente al Sol. Entre ambos nos proporcionan los parámetros espacio-temporales básicos en los que se ambienta la cosmovisión del cuadro. Pero orientación, climas y medida del tiempo, etc. quien las proporciona, en si, es el movimiento aparente del sol. Por tanto, el propio Sol.

Origen y modelo de los ciclos que se producen en la naturaleza; el sol, con su poder sistematiza y regula todos los ritmos de la vida.

En el transcurso de la jornada día / noche y en el ciclo anual, con las estaciones y meses, el astro rey ordena las fases de la vida y, como reloj magistral, gobierna el tiempo desde lo alto. Con su luz ilumina el mundo.

Por su dominio y sublimidad sustancial el sol remite a la divinidad, de la que es manifestación e imagen.

El no-sol o Sol elíptico, con su comparecencia inmanente, es un verdadero leitmotiv de la semiótica en el cuadro.

En JD no aparece explícitamente representado. Pero su flujo e influjo se expresa a través de los efectos o procesos que desencadena. También las correspondencias simbólicas postulan su manifestación.

Implícito va su rol en la diferenciación de las partes del día: crepúsculo matutino en la grisalla de la Parte Exterior; primera hora del día (amanecer) en la parte alta del Paraíso; mediodía en la Parte Central; declive hacia el ocaso en la Caverna y noche en la parte del Infierno.

Las Partes de JD vs. Partes del Día natural:

La insinuación de la ruta del sol -sobre las tablas- implica un tratamiento gnomónico de luces, sombras y reflejos, indicado por el cromatismo, el orden y la ubicación. Amanecer, centro del día y ocaso significados en lugares estratégicos dan el “ángulo horario”. El día artificial coincide con el ámbito expuesto del retablo abierto desde el Paraíso hasta la Caverna.

5. El cuaternario 

 El número cuatro se convierte en un número gozne y resolutor cargado de determinaciones seriales (U. Eco). Para el hombre medieval, el cuaternario de los puntos cardinales, las estaciones, las partes del día, las fases lunares y su propio cuerpo, también cuadrado, son el referente conceptual máximo y fundamental que lo estabiliza sobre la tierra; en el microcosmos.

Pero esto, en combinación con la escala mística que une los tres mundos  -inferior, terrenal y celestial-, conforma el septenario (4 + 3), en el que radicó en la antigüedad la aprehensión del sentido de la existencia.

El sol y la luna, hechos en el IV día, proporcionan el orden cuaternario. Así, sus correspondencias, evoluciones y efectos proyectados sobre el cuadro (mundo sublunar) ordenan sintéticamente la disposición de los temas y los elementos constitutivos del discurso representado.

Esta composición de lugar sólo tiene verdadera validez en una cosmovisión geocentrista, y los parámetros cosmológicos que manejaba Bosch eran radicalmente antiguos. La representación  -simbólica- de la Tierra (PE) lo atestigua: plana, limitada por el río océano, etc.

El cuaternario cosmológico se extiende sobre la superficie plana de la tierra, es estático y su representación cuadrada. No obstante, el pintor concibió su obra como una praxis, es decir, como un proceso dinámico, y ordenó el contenido en ciclos adoptando el modelo cinético de la máquina universal (en este caso, de izquierda a derecha).

Las antiguas correspondencias cuaternarias han sido cumplidamente refrendadas por la literatura eclesiástica medieval. En principio recopiladas por San Isidoro de Sevilla entre los filósofos de la antigüedad, fueron incorporadas al doctrinario cristiano.


[1] Trono del sol en la astrología

[2] Artilugio utilizado para medir el tiempo, semejante a un reloj de sol. Indicador.

[3] J. E. Cirlot.Diccionario de símbolos. Antiguo espacio delimitado por los augures para las consultas cósmicas. Esteban Lorente.

[4] Centro de todo lo creado.

       CONTINUA LEYENDO EL CAPÍTULO II :

 https://boscomania.wordpress.com/de-mechanica-mvndi/capitulo-ii/

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2 pensamientos en “CAPÍTULO I

  1. Hola he encontrado tu blog, buscando información sobre el Bosco, es muy interesante, he encontrado también otras publicaciones que estoy leyendo, pero son mas divulgativas, tu investigación es muy extensa. Voy a escribir un relato sobre el cuadro, de ficción, pero necesito documentación, si no te importa igual cojo alguna información para el relato, pero antes quería consultártelo. Es par aun concurso de docentes, soy profes de Historia, Arte, Geografía,… y voy a participar en un concurso que hace el Prado, sobre la pintura holandesa en el museo,… SI gano algo ya te lo pasaré, de omento estoy en fase de documentación. Un saludo . MJ

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